Su mirada cambió y fue a arrodillarse junto a ella: “No eres la misma que solías ser. Solías ser mucho más muchosa. Perdiste tu muchosidad” “¿Mi muchosidad?” Y le señaló el corazón: “Ahí adentro. Falta algo”
A un amigo mío de la oficina, que es el rey de los optimistas y a quien nunca se le ve triste, le pregunté cierto día cuál era su fórmula. “Estoy muriendo”, me respondió simplemente. Avergonzado de mi torpeza le pedí disculpas, pero él repuso sonriendo: “¿Y acaso tú no?”.
Me siento casi alegre,
casi alegre como quien se cansa de estar triste.
En esta galaxia puedo estar solo y aún así, siento más tu existencia que la mía.


